Ambi Parque fue una instalación y proceso participativo presentado en Ruffin Gallery, en el Departamento de Arte de la Universidad de Virginia, en 2024. El proyecto partió de una pregunta por el juego como forma de aprendizaje, reconstrucción y producción colectiva de sentido. El prefijo ambi sugiere aquello que está “alrededor” o “a ambos lados”; desde esa ambigüedad, la exposición propuso un tercer espacio: un lugar abierto a la duda, al error, a la colaboración y a la aparición de formas imprevistas.
Para el proyecto visité y tomé como referencia los junk playgrounds (parques infantiles de chatarra) y los adventure playgrounds (parques experimentales de juego): espacios surgidos en contextos de posguerra donde niños, niñas y comunidades construían con restos de construcción, materiales encontrados, madera, cajas y escombros. Como parte de la investigación, visité Skrammellegepladsen en Emdrup, Copenhague, considerado el primer junk playground planificado y una referencia fundacional para los adventure playgrounds. Allí, uno de los padres: vinculado todavía al programa, me acompañó en un recorrido por el lugar, así pude conocer el trabajo de los profesores, las dinámicas cotidianas del parque y los espacios diseñados, construidos y transformados por los niños y niñas.
Me impresionó especialmente que el juego estuviera atravesado por formas concretas de cooperación, conversación y toma de decisiones compartidas. El parque acoge a los niños y niñas del barrio en actividades complementarias a la escuela y funciona como una comunidad de aprendizaje entre niños, profesores y adultos cercanos al programa. Esta experiencia permitió entender la referencia no solo como antecedente histórico o documental, sino como un archivo vivo: un modelo pedagógico, espacial y social que todavía funciona, se transforma y produce comunidad.
A diferencia del parque infantil convencional, diseñado para usos predeterminados, estos espacios valoran la experimentación, la autoconstrucción, la destrucción y la recomposición como formas de imaginación social. En Ambi Parque, esta historia funcionó como una herramienta para pensar el espacio expositivo no como un lugar árido y final, sino como un campo de posibilidades.
Los colores de la instalación provienen de una copia transformada de Jenga, común en las ventas informales de Bogotá, Colombia. Esta referencia introdujo otra capa al proyecto: el juego como algo que circula a través de copias, sustituciones, economías y formas cotidianas de reinvención. Los colores familiares del juego entraron a la galería no como decoración, sino como rastros de una cultura material marcada por el uso, la disponibilidad y el intercambio informal.
La instalación se relaciona con mis trabajos participativos anteriores, en los que el público no es únicamente espectador, sino agente dentro de un sistema de reglas, materiales y decisiones compartidas. Al igual que en La Promesa de la Desorganización, la exposición fue activada como un espacio pedagógico: estudiantes y profesores de UVA la usaron como salón de clases, lugar de encuentro y plataforma para conversaciones, ejercicios y procesos colectivos. En ese sentido, la obra no se limitó a ser observada: fue habitada, modificada y puesta en uso.
Después del desmontaje, los materiales de la exposición continuaron su circulación dentro de la vida cotidiana del Departamento de Arte. En lugar de desaparecer como residuos de una instalación temporal, fueron reutilizados por estudiantes e incorporados a sus propios procesos, espacios de trabajo y dinámicas diarias. Esta continuidad extendió el proyecto más allá de su duración expositiva y reforzó una de sus ideas centrales: el juego, el aprendizaje y la construcción colectiva pueden persistir en formas provisionales, informales y compartidas.
El proyecto también abrió una reflexión sobre la ruina, el residuo y la reconstrucción. Los materiales precarios o inestables no fueron usados como simple escenografía, sino como elementos capaces de contener historias latentes y generar nuevos usos. En ese sentido, Ambi Parque propuso pensar el espacio común desde lo provisional: aquello que todavía no está definido, aquello que puede ser reorganizado, reparado o imaginado de otra manera.